viernes, 13 de febrero de 2015

Las Planetas - Bosque Nublado 2013

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Entre las ciudades más importantes del Estado Yaracuy - Venezuela - contamos con su capital, San Felipe. San Felipe y los poblados vecinos se encuentran sobre la depresión Turbio-Yaracuy a unos 250 msnm. Por otra parte, al norte del estado está Aroa a unos 424 msnm. Es famosa por sus minas de cobre, última pertenencia del Libertador Simón Bolívar antes de morir. Fue ciudad pionera de Venezuela en varios desarrollos tecnológicos del siglo XX, entre ellos el telégrafo, el teleférico y el ferrocarril.

Ambas ciudades están separados por la Sierra de Aroa, sistema montañoso que marca el inicio de la Cordillera de la Costa. La sierra se puede bordear o cruzar a través de tres vías. De estas tres vías hay una en particular que parte de Campo Elías, pueblo a pocos kms. de San Felipe, que se ha vuelto objeto de deseo de los practicantes serios del 4x4 en Venezuela: la famosa ruta Las Planetas (o mal pronunciado Los Planetas) - Bosque Nublado. Las Planetas (cerca de Las Parchitas) es el nombre del caserío sobre plena Sierra de Aroa al que se llega luego de atravesar el bosque nublado que cubre la mayoría del camino, un trayecto cercano a 40 kms desde Campo Elías a Aroa, de los cuales 13 kms, desde la capilla de las Tres Cruces hasta Las Planetas, casi siempre rondando los 1500 msnm, harán de las delicias de los más osados conductores y sus vehículos todo terreno. Ruta grado 5 en época de lluvias según la jerga offroad.

Y en época de lluvias nos fuimos después de un par de meses de preparación de vehículos y recolección de las herramientas e implementos necesarios.

Jueves 3 de Octubre, 12m.

Luego de llegar a San Felipe la noche anterior salimos por la mañana a buscar combustible para los vehículos y nuestros cuerpos, un buen desayuno, el último en un poblado antes de entrar al monte. Luego nos dirigimos a Campo Elías.

La entrada al trayecto se puede efectuar de dos maneras, una a través de una finca en el propio Campo Elías y otra a través del afluente del río Tibana, ya saliendo del pueblo. Ambas entradas llegan a las mismas Tres Cruces. Debido a que no teníamos el track de la ruta sólo nos guiamos por los relatos de otros viajeros y las instrucciones de los baquianos que nos conseguíamos en el camino. Decidimos entrar por el río a pesar de que una y otra vez nos repetían "no hay vía", "eso está perdido" y demás frases motivacionales por el estilo. Lo que no sabían es que justamente eso buscábamos.

Al final, luego de rodar un rato por el lecho del riachuelo, llegamos a las Tres Cruces, foto de rigor. Un par de canes nos acompañaron un rato con su dueño vigilando a la distancia, su mirada incrédula mostraba una mezcla de diversión y asombro a sabiendas de lo que estábamos por afrontar.

Rodamos un poco más y nos volvimos a detener. La vista sobre Chivacoa, Campo Elías y toda la depresión Turbio-Yaracuy era espectacular. Eso ameritaba contemplarlo con calma. En dicho punto encontraríamos una casa, último vestigio de civilización por 4 largos días. Uno de los copilotos caminó unos metros y vería el primer gran obstáculo de la ruta: una empinada bajada sumamente deteriorada por la erosión hídrica, patrón que se repetiría una y otra vez en la ruta. Llegó la hora de ponerse manos a la obra: picos, palas, escardillas, la Cooperativa Las Planetas (nombre con el que finalmente bautizamos a este grupo de trabajo) se puso a trabajar. Pilotos y copilotos se pusieron a trabajar por igual.

La premisa de los viajeros era arreglar la vía, pasar con cuidado y winch en dónde hiciera falta, dándole un enfoque más técnico a la conducción 4x4 con la finalidad de preservar al máximo posible la integridad de los vehículos. De todos modos no nos mal interpreten, hubo bastante "mocha, segunda y pata".

Esta bajada tendría una especie de descanso intermedio al que todos llegamos, nos sentimos orgullosos por la calidad de la reparación de la vía y proseguiríamos bajando. Aquí tocó emplear las destrezas al volante para poder centrar las profundas y amplias grietas en la vía. Todos pasaron bien, con sumo cuidado, menos el último vehículo de la caravana, la Montero de Justo. En dos puntos en particular el terreno había sufrido el peso de los primeros vehículos y había ido cediendo, ampliando el ancho de las grietas y dificultando el paso. La montero tuvo riesgo de voltearse un par de veces pero gracias a la acción de su winch y un par de poleas pudimos ponerlo en el buen camino metiendo la parte trasera del vehículo dentro de la vía, la física aplicada al offroad. Al final de esta bajada nos conseguimos un cangrejo de río en plena trilla, uno de los pocos ejemplos de la fauna del bosque con la que nos topamos en el viaje.

Posteriormente tocaría el turno a una de las subidas más complicadas de todo el trayecto debido a su alta inclinación y contar con una curva de 90° en subida con el barranco al lado. El plan de acción era simple, rodar hasta donde se pudiera y subir con winch. Así completaron la subida todos los vehículos, siempre el último con el paso más complicado que los demás y la Merú de Alberto (con bloqueo trasero) adelante abriendo paso con menos dificultades. En la parte superior, ya en plano, nos esperaba el primero de muchos tapones vegetales.

Habíamos llegado al bosque nublado. Mucho musgo, helechos, vegetación tupida, grandes y pequeños árboles y neblina casi todo el día. Cuando el viento soplaba más fuerte nos caía el rocío acumulado en las copas de los árboles, parecía lluvia.

Llegó la noche y no habían fuerzas para atacar el tapón. Prácticamente en plena trilla tocó acampar. La mayoría extendió su hamaca con sus respectivos mosquiteros (innecesarios ya que no hay plaga en el sitio) y cubiertas para una lluvia que iba y venía, sólo un par durmieron dentro de los vehículos. Se prepararon unos alimentos de forma sencilla, nada demasiado complicado por lo incómodo de la situación y a dormir.

Viernes 4 de Octubre.

En algún momento de la noche la lluvia se tornó más fuerte, tormenta eléctrica y sorpresa, cayó un rayo a escasos metros del campamento ocasionando que uno de los árboles se cayera sobre la Montero de Justo y la hamaca de Felipe. Afortunadamente no hubo daños, sólo el susto. Además de eso casi todos se mojaron, las cubiertas para la lluvia no funcionaron o simplemente los árboles cedieron por los terrenos saturados de líquido y las hamacas descendieron hasta tocar el piso. Vaya primera noche. Vale destacar que muchos árboles tenían raíces superficiales, una de las características del bosque nublado, esto particularmente no ayudaba a la hora de escoger un árbol para usar el winch o guindar la hamaca.

Desayunamos y nuevamente entró en acción la cooperativa, esta vez en su faceta de leñadores. Llevamos un par de motosierras, hachas y machetes. Lamentablemente tuvimos bastantes inconvenientes con las motosierras, primero costó encenderlas (tal vez la humedad y altitud, hace rato que andábamos en los 1500msnm, no ayudaban) y luego las cadenas se soltaban. Al final, después de bregar bastante, logramos quitar el tapón terminando de mover los troncos caídos con los winches ya cerca de las 11am.

La lluvia, que aún seguía de forma intermitente, puso la trilla más complicada de lo que ya estaba. Vendría una bajada en la que tocaría arreglar un poco la vía y jugar con el barro. Posteriormente llegaríamos a un plano cerca de las 12m, un sitio espectacular, pero con sorpresa: una gran bomba de barro que ya tenía características de laguna. No quedó más remedio que terminar de sacar unos troncos caídos por un lado para poder tratar de bordear semejante barrizal. Allí estuvimos una hora porque la limpieza no fue suficiente y tuvimos que emplear winch para poder atravesar el obstáculo. Vale acotar que a esa hora aún no habíamos visto el sol por la neblina, seguía lloviendo y la humedad en los pies no ayudaba.

Una bajada, nuevamente pico y pala para arreglarla un poco para luego, más adelante, enfrentar una subida cuya mayor complicación consistió en su entrada. Dicha entrada estaba en curva y muy erosionada, había q tratar de atravesar la zanja con el vehículo totalmente atravesado, lo cual era complicado por lo resbaloso del terreno que le precedía, totalmente embarrado. Se empleó winch para tratar de cuadrar lo mejor posible los vehículos, atravesar la zanja nuevamente con winch, y luego subir con todo lo que diera el carro. Nuevamente el desgaste de la trilla saturada de agua y la acción de los cauchos de los primeros vehículos complicó la maniobra a los últimos de la caravana, en especial a la Montero de Justo, la cual estuvo a punto de voltearse ya que la maniobra de cuadre fue muy complicada. Al menos 3 tuvimos que hacer contrapeso para evitar el volcamiento. Con winch, polea y cincha para alcanzar al siguiente vehículo logramos estabilizar y atravesar la zanja. Posteriormente la subida sería complicada ya que la trilla estaba completamente llena de barro, pero se logró.

Al final de la subida nos encontraríamos un pequeño claro en donde un cercado de un par de metros, primer rastro humano desde el día anterior, nos indicaba que habían fincas cerca. Los dos primeros vehículos tuvieron tiempo para avanzar unos metros, pero se dieron cuenta de que estábamos en una gran bajada. Llegaron a un sitio en la trilla en plena bajada con un claro de unos 20 metros cuadrados y allí se acomodaron. Los dos últimos vehículos se quedaron en el claro de la cerca. El campamento se dividió en dos. El sitio era agradable, tanto que por primera vez en el viaje se pusieron carbones, se armaron carpas y se escuchó algo de música para amenizar la velada. Sin embargo los primeros pensamientos de retorno se cruzaban por la mente de algunos, cada vez la vía se tornaba más complicada y aun faltaba bastante por recorrer. el poco avance diario en kms, la falta de certeza por no tener el track y un día totalmente nublado bajó los ánimos. Algunos ya no eran tan amables como al principio.

Sábado 5 de Octubre.

La bajada era larga y necesitó mucho trabajo de pico y pala, rellenar con troncos caídos y manejo preciso. Un trabajo que nos llevó toda la mañana. Paramos a almorzar algo, una tontería, primera y única vez que lo hicimos en el viaje y básicamente fue porque uno de los winches requirió una reparación menor que se pudo llevar acabo.

Posteriormente se vendría una seguidilla de 3 subidas, ya las teníamos calculadas gracias a que uno de los copilotos (Gustavo) salió temprano en la mañana a explorar la ruta a pie aprovechando que es un asiduo visitante del Cerro Ávila en Caracas y camina rápido por la montaña. La segunda subida era casi interminable, era tan larga que tenía secciones de descanso menos inclinadas. Para variar, tocó trabajarlas con pico y pala y retirar ramas, troncos y salientes peligrosos. En gran parte del trayecto la Montero de Gregorio con cauchos 32 iba arrastrando la transmisión lo que supuso un esfuerzo extra para el vehículo y su winch. También empleamos extensamente las planchas de aluminio, sobre todo es las secciones más complicadas por falta de agarre. Las pobres planchas terminaron bien torcidas.

En la noche se rodó un poco más, pensando que esta sucesión de larga bajada y tres subidas era la última antes de llegar a una mejor trilla. Pero al continuar unos metros y conseguirnos una bajada que necesitaba trabajo nos hizo entender que no era así.

Tuvimos un percance ya de noche. Lamentablemente los cauchos nos fallaron. La Luv de Jesús rompió uno de sus KM2 contra un tronco cortado, tocó cambiarlo en plena trilla, que luego de la última subida se había vuelto sinuosa y por tener un chasis largo iba topando en los árboles. Con malabarismos, un par de gatos y una de las planchas de aluminio para que no se hundiera en el barro se logró hacer el cambio. Se instaló el de repuesto, de una medida inferior y AT, para poder ver hasta donde se llegaba.

Una de las noches que peor quedamos en la trilla, hasta era complicado desplazarse entre los vehículos que quedaron aparcados en fila india en el medio del bosque. Se comió algo, unos más que otros, y a "dormir". Esta vez la mayoría dormiría dentro de los carros. En ese momento se descartó por completo regresarnos.

La acumulación de mal comer, mal sueño y poco sol hizo que este día fuera poco fotografiado y transcurriera como un continuo pase de roncha y obstinación que concluyó en algunos roces en la noche. Saber que ya no se iba a salir de allí el domingo, como se tenía planificado, no ayudaba. Pero al mismo tiempo se sabía que ya no había vuelta atrás. Ya éramos prisioneros del bosque nublado, sus rehenes. Un paisaje que luego de casi 3 días ya no era tan maravilloso.

Domingo 6 de Octubre.

Estábamos en plena bajada, tocó levantarse a trabajar nuevamente la trilla, quitar algún tapón y proseguir. Antes de eso se cambió el caucho AT de la Luv por uno MT que traía la Montero de Justo de repuesto y de medida equivalente, casi liso, pero mejor que el AT.

Nuevamente Gustavo, nuestro scout, salió a caminar la vía. La información fue la siguiente: al terminar la larga bajada venía nuevamente una sucesión de tres subidas (el mismo patrón del día anterior) siendo la primera la más complicada y requiriendo todas en mayor o menor grado trabajo con el pico y pala. Más allá de todo esto el terreno cambiaba de tierra ocre a gris, buena señal.

Estábamos de mejor ánimo, este día el sol nos acompañó en todo el trayecto y no nos llovía desde el sábado. Habría una curva casi al final de la bajada que nos daría oportunidad de sacar unas buenas fotos de los vehículos quebrando.

Ya terminando la bajada vimos señales de presencia humana en el sitio, un sendero a pie que salía por la derecha, en dirección a la depresión Turbio-Yaracuy (un recordatorio de que aún nos faltaba por recorrer) y pisadas de caballo. Luego vendría el turno de las tres subidas, trabajo de la cooperativa de reparación de vías y mucho winch con abraza árbol para completar las subidas. Nos esperaba más problemas con los cauchos. Nuevamente la Luv.

Esta vez el problema fue un caucho que se salió del rin. Habíamos bajado la presión a todos los cauchos para tener más tracción en el barro, en especial de las subidas, lo cual fue un error ya que no contábamos con rines adecuados para ello y la Luv, ahora última en la caravana desde el día anterior, venía haciendo más trabajo que las demás para poder pasar. Sin embargo quedamos gratamente sorprendidos por el desempeño de la Luv, buena potencia y se notó más de una vez que el LSD (limited slip differential) hace su trabajo.

Fue aquí en donde se pusieron en práctica aprendizajes de Youtube. Se aplicó la técnica de montaje de caucho con un aerosol inflamable y un yesquero. Fue efectivo, tanto que se celebró con una algarabía que se extrañaba y hacía falta en el paseo.

Ya era la tarde del domingo, de allí no salíamos ese día, pero no parecía importar mucho. Resignación.

Recorrimos lo que se pudo, una bomba de barro justo antes de una subida nos dio bastante trabajo. A la Merú le pasó algo bien particular, se agarraron con el winch de un árbol para poder terminar de cruzar la bomba y resulta que el árbol se les vino encima. Con el vehículo atrapado en plena bomba no les dio tiempo de hacer nada, por suerte la rama de otro árbol evitó que les cayera encima. Tuvieron que trabajar el tronco ya que quedó atravesado y ya una motosierra no daba más, estando la otra en la Luv relativamente lejos, les tocó usar hacha, como muchas otras veces en el viaje. Sin embargo lo que suena como un episodio peligroso Fred, el copiloto del incidente, lo narra con mucho humor, "Pensé por un momento en tratar de sostener yo mismo el árbol para que no se cayera"

Después de que todos superaran este obstáculo llegamos a un claro, espectacular para lo que habíamos tenido hasta ahora pero con una mala noticia, habíamos dejado en el camino una escardilla, una pala y una hacha. Otros se conseguirán estas herramientas.

En fin, podíamos observar el cielo y las estrellas sin las copas de los árboles de por medio. Estacionamos los vehículos uno al lado del otro y organizamos el campamento como es debido. Se destapó la primera botella de bebida espirituosa del viaje y se puso música que poco después fue apagada para disfrutar de los sonidos del bosque. Una parrilla comunal y una charla amena sirvió de antesala para ir a dormir. La última vez que lo haríamos en el bosque nublado, sin saberlo, sólo lo sospechábamos, pero nadie decía nada, ya era un asunto de cábala, como cábala fue no hablar más del clima, tema prohibido, no sea que nos fuera a llover.

Lunes 7 de Octubre.

Me levanté temprano a orinar, como suelo hacer. Un ronroneo me puso en alerta pero no vi nada. Felipe. otro de los copilotos, un poco más tarde me comenta: "¿Escuchaste algo temprano?" Si señor, le respondo, era un cunaguaro, ¿Verdad? - Correcto. Mención especial a Felipe, cuyos conocimientos de mecánica y experiencia en viajes por el estilo y Funrace fue de gran valía para lograr este objetivo como grupo.

Ese día teníamos por premisa salir lo más temprano posible. La trilla con el fresco de la noche era más transitable que en la tarde, cuando se acumulaba la humedad de la neblina y la ausencia de sol. Nuestro explorador nos informó que venían subidas y bajadas poco pronunciadas y algunas bombas de barro, nada que tal vez con un poco de winch no se pudiera pasar.

Arrancamos y nos detuvimos en el último gran tapón vegetal del viaje. Antes tuvimos un nuevo percance con los cauchos, esta vez fue la Montero de Justo la que soltó el caucho del rin justo antes de una subida y al lado del barranco. Tocó aplicar la misma técnica del aerosol inflamable y el yesquero. Dos veces esta vez ya que no quedó bien limpio de barro la primera vez el borde del caucho pero finalmente con éxito.

Ya en el tapón unos llevaban un rato trabajando, con Alberto y Fred a la cabeza. Otros nos pusimos a preparar un suculento desayuno, el mejor del viaje: arepa con perico, queso y jamón de pavo, bien servido cada uno en su plato. Los obreros fueron gratamente sorprendidos y recompensados.

Ya a las 12m se logró superar el tapón, un sitio de particular belleza cubierto con una amplia variedad de especies vegetales en donde me tomé mi tiempo para hacer unas buenas fotografías y filmar a los vehículos pasando.

Media hora después, por fin, logramos salir del bosque. Una finca, ganado, una casa y una manguera con agua de manantial nos esperaba. Ocho tipos metidos en el bosque desde hace cuatro días disfrutando como niños con agua fresca, agua que simbolizaba el haber logrado el objetivo, concretar la ruta Las Planetas - Bosque Nublado, sin rústicos de renombre que suelen ser asociados con los viajes más extremos del país, ni con la ruta seca o trabajada por otros.

Más adelante llegaríamos al caserío que le da el nombre al viaje. Allí un joven saldría a recibirnos, siendo recompensado por ello con su respectiva botella. Sus comentarios nos confirmaban que lo habíamos logrado y nos comentaba que otro grupo había pasado hacía unos meses.

Lo que vendría después sería una especie de toma de pueblo. Todos los pobladores salieron a vernos, cual ejercito invasor que desfila ante miradas de asombro y curiosidad. Primero Las Planetas, después Las Parchitas. Por fin no teníamos a la depresión a lo lejos, sólo casas, una escuela, ganado y gente. Empezados a descender por una vía de tierra en la cual pudimos observar al fondo a Aroa. Ya eran las 4 pm.

Paramos a organizarnos, seguimos hasta Yumare en donde una cauchera recién montada nos atendió amablemente para limpiar internamente los cauchos que se desmontaron en la trilla para poder proseguir a velocidad crucero hacia San Felipe y luego Caracas (los cauchos estaban totalmente desbalanceados). Esa noche ocho tipos abrazaron su cama y comodidades como nunca antes.

Es probable que escuchen hablar de grupos que hicieron el trayecto en 1, 2 o 3 días, no lo dudamos, pero recuerden, nos enfrentamos a una trilla erosionada por el invierno, llena de tapones vegetales por la que no pasó nadie en meses. Aprovechen, este es el momento para ir.

Aún días después hablamos del viaje. Me comentaba uno de los pilotos, 3 días después, que aún sentía que estaba en la montaña. No dudé en afirmarlo, un poco más taciturno de lo habitual.

Vehículos, Pilotos y Copilotos:

Merú  - Alberto y Fred

Montero Dakar - Gregorio y Felipe

Luv D-Max - Jesús y Gustavo

Montero Dakar - Justo y Faustino

Tips:

* Mentalizarse para el viaje, si no la mezcla de trabajo, mal dormir, mal comer y clima gris te desgastará física y mentalmente.

* Contar con buena condición física y no tener problemas físicos. De no ser así no vayan, a la hora de trabajar en la trilla nadie entenderá razones para no hacerlo.

* Pasajeros: mientras más personas vayan, mejor, se distribuyen mejor el esfuerzo y no se cansan tanto todos.

* Elementos de recuperación: Todos los vehículos deben tener winch operativo y cinchas abraza árbol para evitar el daño a la naturaleza. También es deseable llevar punta de eje o similares.

* Herramientas: las motosierras, hachas, machetes, picos, palas, escardillas y todo lo que pueda usarse para trabajar la tierra y cortar árboles caídos.

* Llévense su basura. Es increíble como en la trilla de vez en cuando encontrábamos restos de empaques de alimentos y bebidas.

* Abrigo. Algo que nadie te dice: el bosque nublado está a 1500msnm, en la madrugada hace bastante frío. Lleven botas de goma para proteger al máximo sus pies, hay que caminar bastante en barro.

* Chasis Corto: para la gran mayoría del trayecto es más práctico ir en un chasis corto, pero no es limitativo.

* Cauchos: no vayan con nada menos de 33 (o su equivalente en r16) y al menos un compresor de calidad es deseable.

* Combustible: Las Monteros por su pequeño tanque pueden necesitar un bidón, otros vehículos no necesitan llevar, sólo para las motosierras.

* Comunicación: digitel y movilnet cdma tienen cobertura en casi todo el trayecto.

Ubiaga


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